Agencia Excelsior
Ya no había nada que perder. Paraguay había llevado a Alemania hasta el único lugar donde el valor se mide en once pasos. Bajo el arco, Orlando Gill se convirtió en la figura al detener los disparos de Kai Havertz y Nick Woltemade; Jonathan Tah hizo el resto al volar su disparo.
En ese camino, donde las potencias también tiemblan, la Albirroja consumó una de las grandes sorpresas del Mundial y eliminó a Alemania 1-1 (3-4 penaltis).
Gustavo Alfaro vivía la escena en soledad. Se había apartado incluso de su cuerpo técnico. Caminaba tres pasos hacia la izquierda y tres hacia la derecha, con las manos hundidas en los bolsillos. Pensativo.
Apenas 24 horas antes había recordado el punto de partida de esta historia:
“Nos tocó agarrar una selección que estaba devastada, creo que no había nadie en ese momento que creía que Paraguay iba a estar en la Copa del Mundo”.
El camino comenzó mucho antes de los penaltis. Paraguay golpeó cuando tuvo la oportunidad. Apenas había generado dos llegadas en la primera mitad y una terminó en gol. Al minuto 43, Julio Enciso adelantó a la Albirroja y obligó a Alemania a remar contra la corriente.
La respuesta llegó al 54’. Un centro preciso de Florian Wirtz encontró la cabeza de Kai Havertz, quien peinó el balón para firmar el empate. En la prórroga, los alemanes incluso celebraron un gol que terminó invalidado por una falta sobre Gill.
Entonces llegó la hora de la verdad. Paraguay también dejó escapar dos oportunidades para liquidar la serie, pero nunca perdió la calma. El destino guardaba el último capítulo para José Canale. Con serenidad, convirtió el penalti del 3-4 y desató la locura paraguaya.
El corazón del que tanto habló Gustavo Alfaro terminó siendo la respuesta que Alemania nunca encontró. Con él resistió el empate, sobrevivió al tiempo extra y soportó la presión de una definición que parecía escrita para los europeos.
Alemania regresará a casa teniendo pesadillas con el futbol sudamericano. Primero cayó ante Ecuador en su último partido de la fase de grupos. Después, Paraguay terminó de apagar su Mundial. Dos selecciones de este lado del continente bastaron para recordarle que, cuando el corazón compite de igual a igual con el talento, también es capaz de eliminar gigantes.



