David Martínez|Tuxtla Gutiérrez
En la antesala del 2027, la sucesión municipal en Tuxtla Gutiérrez comienza a tomar forma dentro del propio círculo del gobernador Eduardo Ramírez. Dos nombres se mueven con intensidad en el tablero: Jovani Salazar y Paco Chacón. Ambos emanados del mismo grupo político, ambos con aspiraciones claras, pero con perfiles diametralmente distintos.
Jovani Salazar ha construido una narrativa de cercanía popular. Su discurso y su imagen conectan con el ciudadano de a pie, con el rostro cotidiano de Tuxtla, con quienes buscan verse reflejados en alguien que comparta origen, lenguaje y territorio. Representa, para muchos, la continuidad de una política con identidad social.
En contraste, Francisco Chacón encarna un perfil más estructurado, vinculado a una clase política tradicional que, aunque con recursos y operación, enfrenta el reto de generar empatía genuina con el electorado. Las versiones que circulan señalan que no encabeza las encuestas internas; sin embargo, su cercanía estratégica con el mandatario lo coloca como una pieza que encaja en el diseño mayor del proyecto estatal.
Ambos buscan la venia del gobernador y la definición partidista que, previsiblemente, pasará por el tamiz de Morena. Marzo será el primer termómetro formal.
La novela apenas comienza. Y como en toda historia política chiapaneca, no siempre gana quien más ruido hace… sino quien mejor entiende el tablero.



